Blog •  13/6/2021

Buenos precios, pero incertidumbre ante el futuro próximo post Covid

Un artículo de:  Elena Fernández, Periodista Agroalimentaria
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Campaña de arroz 2020/2021 en España

Según datos publicados el pasado mes de diciembre por Cooperativas Agroalimentarias en nuestro país, segundo productor  europeo tras Italia, en 2020 se cultivaron 102.000 hectáreas de arroz. 48.000 de ellas se dedicaron al cultivo de arroz índica o largo, destinado principalmente a la exportación a otros países europeos, 46.000 al tipo japónica o redondo, el más típico del arco mediterráneo y de ahí 8.000 a la variedad bomba. Esto supondría un descenso del 1% respecto a la campaña anterior, por lo que el cultivo se mantiene relativamente estable.

El informe de Cooperativas estima para esta campaña una producción de alrededor de 747.000 toneladas, de las que 360.000 corresponden a la variedad Indica y 386.000 a la variedad Japónica. Andalucía seguirá siendo la principal productora con 306.000 toneladas seguida de Extremadura (148.000), y las ya tradicionales áreas de cultivo en los humedales de Cataluña (135.000) y la Comunidad Valenciana (122.000).

Sin embargo, a pesar de los buenos precios fruto de la situación comercial internacional después de un año de pandemia y que rondan los 360 euros/tonelada según comenta Félix Liviano, presidente de la sectorial del arroz de Cooperativas Agroalimentarias, las perspectivas a corto y medio plazo se presentan complicadas. Este hecho se debe a la importación de terceros países de Asia, fundamentalmente Vietnam, Camboya y Birmania que debido a su situación política y económica cuentan con unas condiciones especialmente favorables por parte de la UE. “De momento hay una cláusula de salvaguarda, pero no sabemos qué va a pasar cuando acabe”, añade Liviano. “yo estoy muy de acuerdo en apoyar a terceros países que necesitan prosperar y desarrollarse, pero hay que tener en cuenta que los miembros de la UE tenemos una normativa mucho más estricta de siembra y protección de los cultivos que nos añade un coste añadido, por lo que no podemos competir en precio con ellos. Esperamos que se prorrogue por lo menos uno o dos años más”.

Por ello Liviano defiende la creación de un proceso de trazabilidad y etiquetado para que el consumidor tenga esta información y pueda decidir. “Estoy seguro de que estaría dispuesto a pagar unos céntimos más por un producto que ya es de por sí muy económico, sabiendo que está apoyando la producción local que además es fundamental para proteger paisajes únicos como La Albufera o el Delta del Ebro”.

La pandemia Covid 19 también ha puesto de manifiesto la necesidad de que se mantenga este cultivo histórico en muchas regiones españolas y estratégico en el conjunto de Europa “para no tener que depender de las importaciones de terceros países que podrían verse bloqueadas en una nueva situación de emergencia como la vivida”, añade Liviano. De hecho, España no es deficitaria en producción de arroz, sino exportadora a otros países del Norte de Europa, principalmente de la variedad Indica, que mantiene sus propiedades tras la cocción y no se pasa, aunque no absorbe tanto los sabores como la variedad Japónica, típica de nuestra tradicional paella. “En otros países este cereal se consume en preparaciones más sencillas, por lo que allí el arroz largo es el más valorado”.

Pérdidas con la nueva PAC

La asociación de agricultores AVA-Asaja de la Comunidad Valenciana también ha expresado su descontento y preocupación por el futuro del cultivo del arroz. De hecho, a finales de marzo 300 tractores se movilizaron junto a la Unió de Llauradors y ocuparon las calles de Valencia para reclamar a las diferentes administraciones un paquete de medidas de apoyo necesarias para garantizar la estabilidad del sector. Según un informe elaborado por esta asociación la propuesta del Gobierno español de la futura PAC 2023-2027 traería unas pérdidas superiores a los 35 millones de euros a los arroceros valencianos.

Para ambas asociaciones agrarias resulta fundamental contar con el apoyo institucional “si no queremos que un cultivo histórico como el arroz vaya desapareciendo. Tienen que darse cuenta de que si quieren unos parques naturales como l´Albufera o la Marjal Pego-Oliva perfectamente conservados necesitan el cultivo de arroz. Sin arroceros, el futuro de estos humedales se hace muy complicado”, explicó en declaraciones a la agencia EFE el secretario general de Unió, Carlos Peris.

Siembra directa en seco en Extremadura y descenso de producción en Andalucía

Desde 2018 en Extremadura se viene practicando la siembra directa en seco del arroz por un problema de resistencia de las malas hierbas a los herbicidas empleados que resultaba muy perjudicial para los cultivos. Este sistema se ha vuelto tan popular que más del 90% de las 21.000 hectáreas cultivadas en 2020 se produjeron de este modo.

Debido a la ausencia de lluvias durante la primavera se calcula que se ha cultivado un 50% menos de superficie en el área del Bajo Guadalquivir, según datos de Cooperativas AgroAlimentarias. En las zonas arroceras de Sevilla se iniciaron las labores preparatorias del terreno para la siembra en marzo, pero en esta campaña la siembra viene con retraso por la meteorología adversa y la menor disponibilidad de agua para inundar. A mediados de mayo comenzaron las primeras siembras en las comunidades de riego de la margen izquierda y a comienzos de junio se han generalizado las inundaciones y posterior siembra en la margen derecha, según datos de la Junta de Andalucía.

Un cultivo en claro retroceso en Aragón

Aragón es la comunidad autónoma donde el cultivo de arroz es más minoritario, y de hecho está en claro retroceso e incluso de convertirse en una práctica residual. Se estima que en esta campaña se cultiven alrededor de 4.500 hectáreas frente a las más de 15.000 que se cultivaban en 2004 con el consiguiente descenso en la producción. En la pasada campaña se recogieron alrededor de 21.500 toneladas, lo que supone un descenso respecto a la campaña 2004 de un 75%.

Los costes de producción, la atención que requiere el cultivo debido a que se da en una zona geográfica límite y su falta de rentabilidad es lo que hace que los agricultores más jóvenes se decanten por otros cereales como los forrajes.