Blog •  12/1/2023

Neoagrícolas: nuevos perfiles profesionales para alimentar al mundo

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Neoagricolas

Artículo escrito por Urko del Campo, periodista agroalimentario.

  • La agricultura sigue siendo el sector que más empleo produce en el mundo, y las necesidades del sector y el desarrollo tecnológico están impulsando un ecosistema con perfiles más especializados y tecnificados.
  • La necesidad de cubrir la demanda mundial de alimento, junto con el contexto de escasez y recursos limitados, precisa no solo de soluciones creativas sino también de nuevos perfiles que ayudar a una producción más eficiente en el sector agrario.

 

En noviembre de 2022, la ONU certificó de manera oficial que el Planeta Tierra ya cuenta con 8.000 millones de bocas que alimentar. Este escenario de crecimiento demográfico, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), dificulta la lucha contra el hambre. Por ello, una vez más, la agricultura se enfrenta al reto de mitigar las consecuencias de un hito que incorpora variables nuevas a un contexto de escasez y recursos limitados. Un reto que no sólo precisará de imaginación en la búsqueda de soluciones, sino también de la incorporación de nuevos perfiles profesionales complementarios que hagan más eficiente la producción del sector agrario. ¿Neoagrícolas?

Tras miles de años cultivando la tierra, amplias zonas tradicionalmente muy productivas se están agotando. Así lo señalaba, en 2015, el informe El Estado de los Recursos de Suelos del Mundo, producido por un Grupo Técnico Intergubernamental de la FAO. La previsión sobre necesidades de producción no presenta un futuro muy halagüeño, sobre todo en lo que tiene que ver con la fertilidad del suelo. Además, cada vez son más habituales las restricciones gubernamentales al uso de fertilizantes y fitosanitarios.

Ante los datos del citado informe, quizá se deberían recuperar las aportaciones de biólogos como Patrick du Jardin, quién investigó sobre los efectos de los bioestimulantes desde el Gembloux Agro-Bio Tech de la Universidad de Lieja. De hecho, la aprobación en la Unión Europea del Reglamento Europeo de fertilizantes (2019/1009) abre un amplio abanico de posibilidades para la incorporación de biólogos, químicos y bio tecnólogos al sector agrario. Estas nuevas estrategias requieren de la utilización de nuevos compuestos, orgánicos e inorgánicos, que promuevan la eficiencia en el uso de nutrientes en los cultivos.

Esta tendencia se une también al desarrollo de la agricultura de precisión. Durante los años 80’ del siglo pasado, en EE.UU. se pusieron las bases para un modelo agrario de producción que exportó al mundo nuevas ideas sobre cómo hacer las cosas. Según Manuel Pérez-Ruiz, director de la Cátedra Corteva en Sostenibilidad y Agricultura Digital de la Universidad de Sevilla, “este modelo se aleja de aplicaciones tradicionales y homogéneas, teniendo en cuenta muchos más factores”. Obviamente, la incorporación de nuevas necesidades precisó de nuevos perfiles profesionales que aún permanecen hoy en día.

Matemáticos y estadísticos fueron algunos de los primeros especialistas en incorporarse a empresas del sector para poner en marcha este sistema. Ajenos al mundo de la agricultura, su labor consistía en elaborar modelos predictivos sobre los cultivos en función de datos como la pluviometría, los análisis del suelo o la relación entre semillas y espacio cultivable. Hoy en día, el desarrollo de herramientas tecnológicas de recolección de datos ha multiplicado el número de variables que se pueden tener en cuenta y el Big Data generado les permite ser más precisos. Ingenieros informáticos, de telecomunicaciones y especialistas en integración de sistemas han sido algunos de los perfiles que se han ido incorporando a la revolución del dato.

Este tipo de perfiles tecnológicos relacionados con el sector agrario también vienen siendo muy demandados en lugares con gran escasez de recursos. Según los datos aportados por un estudio de la organización GRAIN, es muy habitual que los países del Golfo Pérsico compren tierras fértiles cultivables en zonas de África o Latinoamérica, debido a la falta de suelo y recursos hídricos. Sin embargo, la tecnología ha permitido a Emiratos Árabes Unidos crear Bustanica, una instalación manejada por inteligencia artificial capaz de producir 1.000 toneladas de verdura al año.

Esta infraestructura de 31.000 metros cuadrados, situada al lado del aeropuerto de Dubái, en la mayor granja vertical de cultivo y funciona mediante hidroponía. Entre su personal, la compañía cuenta con profesionales especialistas en campos como la digitalización, la robotización y la domótica, los cuales facilitan y hacen más eficientes los procesos productivos. Además, entre sus perfiles más preparados, Bustanica posee un equipo de ingenieros eléctricos para asegurar las condiciones necesarias de iluminación para los cultivos. También la labor de sus ingenieros hidráulicos ha sido imprescindible, ya que facilitan el aprovechamiento óptimo del agua, un recurso muy escaso en el desierto.

Según las tendencias del sector, las profesiones relacionadas con la electricidad y los recursos hídricos tendrán cada vez más importancia, atendiendo fundamentalmente a dos factores. En el caso de la electricidad, tiene que ver con la falta de disponibilidad de suelo cultivable, que está impulsando iniciativas como la de Bustanica; la de Growing Underground, la granja hidropónica subterránea más grande del mundo, situada en Londres; o la de Lufa Farms, firma canadiense que opera el invernadero en tejado más grande del mundo. Respecto a los profesionales relacionados con los recursos hídricos, la FAO señala que el 72% de todas las extracciones de agua se destinan a la agricultura, por lo que un aumento de la producción precisará de una mejora en la eficiencia de su uso.

Por otro lado, nunca dejarán de aparecer profesiones excéntricas en el sector, como la de planeador urbanístico. El proyecto Brooklyn Grange Rooftop Farm, que cultiva alimentos en dos tejados de Nueva York, dice contar con uno en plantilla para planificar sus espacios. Del mismo modo, seguirán siendo necesarios agricultores, especialistas en manejo de maquinaria pesada, agentes para la compra de insumos, especialistas para la venta en los grandes mercados, etc. Y cómo no, genetistas, porque como ya señalara el divulgador científico José Miguel Mulet hace unos años: “Hay más tecnología en un tomate que en un 'smartphone”.

Profesiones relacionadas con la intermediación financiera o el acceso a recursos, como la propuesta de Ethic Hub con el café y el cacao, también van cobrando importancia en el ecosistema agrario, como sistema alternativo a las vías de financiación tradicional. Sin olvidar tampoco aquellas que deberán solventar las nuevas vulnerabilidades del proceso de digitalización, como ya se vio en junio de 2021 con el ciberataque que paralizó la producción de una treintena plantas del gigante cárnico JBS, en EE.UU.

En definitiva, la agricultura sigue siendo el sector que más empleo produce en el mundo, suministrando una forma de vida al 40% de la población mundial, en la mayor parte de los casos, empleos de bajo valor añadido. Pero las necesidades del sector y el desarrollo tecnológico están impulsando un ecosistema con perfiles especializados y tecnificados. La revolución de los Neoagrícolas no puede desechar el saber milenario de este oficio ancestral, pero no cabe duda de que hará temblar los cimientos de estructuras y formas de hacer obsoletas.

La Firma Invitada

Urko del Campo

Urko del Campo

Periodista Agroalimentario

CortevaTalks

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